Llegada y asentamiento de chinos a México

Llegada y asentamiento de chinos a México

Belén Dorado

Directora de la Revista Cultural sobre China, “Bambú, Dragones y Tinta

Podríamos decir que la presencia de chinos en México se remonta a épocas muy antiguas. Se dice que tan antiguas como las que corresponden a la Dinastía Qi, allá por el siglo III o IV de n.e. cuando se cuenta que un monje, de nombre HuiSheng llegó a unas tierras lejanas al este de China llamadas Fusang, lugar que muchos investigadores relacionan con México.

Fuera o no cierta la teoría de Huisheng, lo que sí es cierto es que el trasiego comercial comenzó indiscutiblemente con la Nao de China, como espacio de intercambio de culturas y mercancías entre las tierras lejanas de China y las mexicanas, que tuvieron el Puerto de Acapulco como llegada de todas estas maravillas que la Nao de China transportaba.

Estos primeros intercambios comerciales entre México y China se dieron en el S XVI, precisamente el 8 de octubre de 1565 cuando llegó la primera Nao de China al puerto de Acapulco, llamada el Galeón San Pablo. Un trasiego de naves a lo largo del Pacífico permaneció durante 250 años y mantuvo a las dos naciones en una alianza comercial sin precedentes. Este intercambio finalizó cuando, en 1815, el Galeón Magallanes partió del Puerto de Acapulco rumbo a Manila, siendo el último trayecto realizado entre ambos países y como parte de la Ruta de la Nao.

Fruto de este intercambio, no podíamos obviar que muchos chinos se quedaron en Acapulco, donde ayudaron a crear la ciudad que hoy conocemos. Se dice que los mercados de la ciudad estaban en manos de los chinos, por lo que se conocía a Acapulco como la “Ciudad de los Chinos”. Con el tiempo, la presencia de la comunidad china en México, se extendió por toda la costa del pacífico, en ciudades como Mazatlán o Colima.

Con el Porfiriato se inicia un periodo de apertura comercial en México que, para consolidar su proyecto de modernización, necesitaba mano de obra para la construcción de ferrocarriles, puertos y comercios. Éste fue el motivo por el cual México mandó llamar a la población china asentada en EUA para laborar en sus tierras, y así comenzaron a llegar al país chinos, sobretodo varones, para trabajar en estas nuevas industrias.

Este hecho histórico, posibilitó que ciudades del norte de México comenzasen a ver el progreso como una realidad, y los chinos llegados al país comenzaron a laborar en comercios de la zona y posibilitaron que esa, modernización fuese una realidad.

Con la llegada del Ferrocarril, lo que en su momento fuese una aislada “Estación de Torreón”, se convirtió en la ciudad que hoy conocemos, fruto también de la industria algodonera de la comarca de “La Laguna”, que parece que en aquel momento concentraba el 75% de la producción de algodón en México[1].

Esta industria prosperó tanto que necesitó de grandes cantidades de mano de obra. En un principio estas fuerzas laborales llegaban desde otros estados del país, pero luego pasó a demandar otras manos más baratas y eficientes, como la china. Se convirtió así Torreón en una ciudad cosmopolita, en la que radicaban Mexicanos, españoles, ingleses, franceses, chinos, alemanes, palestinos y norteamericanos, entre otras. Fue tanta la reputación en La Laguna, que muchos países abrieron consulados en Torreón, entre ellos China, e incluso familias adineradas del momento, como Rockefeller o Gugenheim invirtieran en la zona.

Las labores de los chinos se centraron entonces en el norte, para la construcción de ferrocarriles, y en las minas como las de Zacatecas o las de Tepic. Estos trabajadores eran conocidos como coolíes, término que designaba a los indios y chinos que trabajaron de esclavos en países extranjeros. El nombre de coolíes ciertamente no sabemos de dónde procede, aunque es curioso que en chino existe un carácter pronunciado Kuli 苦⼒, que se puede traducir como “fuerza amarga”, definición que haría referencia al régimen de esclavitud en el que vivían estos trabajadores.

Debemos decir que México no trajo chinos como mano de obra desde China, sino que los traían desde EEUU, donde ya había empresas dedicadas al trasiego de trabajadores para las minerías y construcción de ferrocarriles, como “The California Central Railroad" y “The Unión Pacific Company”. Solo hasta finales del S XVIII México comenzó a traer mano de obra china para trabajar directamente desde China.

En este momento las zonas en las que se asentaron las comunidades chinas fueron: Chiapas, Yucatán, Ciudad de México, Veracruz, Sonora, Sinaloa, Baja California Norte, Tamaulipas y Chihuahua.

Con la llegada del Siglo XVIII, comenzaron las negociaciones entre China y México, para lograr que el intercambio de trabajadores fuese normalizado. Estas negociaciones concluyeron el 14 de diciembre de 1899, cuando se firmó en Washington el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” entre China y México, y se comenzaron las relaciones oficiales entre ambos países.

A comienzos del siglo XX la última dinastía china, la Qing, instala su primer consulado en la ciudad de Veracruz, y a la inversa, México estableció sus consulados en Guanzhou, Shanghai, Fuzhou y Xiamen.

Es en este mismo momento cuando se funda la Ciudad de Mexicali, con la llegada de campesinos para laborar en las tierras principalmente. Se estableció entonces en Mexicali una gran comunidad de chinos que se dedicaron a trabajar en barberías, lavanderías, panaderías y tiendas de zapatos o ropa, fuerte gremio en manos de la población china y que para muchos historiadores fue una de las causas del sentimiento antichino que se expandió por el país.

La prosperidad de la comunidad china en ciudades como Mexicali fue de gran importancia. Pero toda esta prosperidad y los intercambios que se fueron dando entre México y China, se vieron truncados por la llegada de la Revolución, y por episodios tan cruentos como cuando las huestes de Madero entraron en la ciudad de Torreón el 15 de mayo de 1911 y masacraron a 303 chinos, arrasaron con la ciudad, con tiendas y bancos, lo que ocasionó unas pérdidas de vidas humanas y materiales, y una llamada del gobierno de China pidiendo explicaciones al gobierno mexicano.

Este sentimiento antichino tuvo réplicas en otras ciudades del norte de México, provocando que el gobierno de China exigiese a México respetar el tratado de 1899, mismo que fue revisado a principios del siglo pasado, concretamente en 1921, donde se acordó que solamente podrían entrar al país chinos intelectuales o para hacer negocios, pese a que en un primer momento los chinos habían llegado a éxito invitados para trabajar y, procedentes de EUA como mano de obra, ayudaron a la modernización del país.

Una de las causas de estas prohibiciones y sentimientos xenófobos hacia el pueblo chino derivan de cierto sentimiento de envidia hacia la prosperidad que la comunidad china estaba teniendo en los estados del norte del país. Fue en este momento cuando se crearon, siguiendo la ley número 29, los “barrios chinos”, auspiciados por Plutarco Elías Calles, y como medida para tener controlada a la población china. Debido a que la mayor parte de los chinos eran varones, se prohibieron los matrimonios mixtos entre varones chinos y mujeres mexicanas, y se les acusó de ser una raza inferior, de portar enfermedades como la tuberculosis o la sífilis y de ser feos. Se les mantenía en guetos apartados de la sociedad y en condiciones lamentables, únicamente valorando su mano de obra y fuerza física, lo que agravó aún más la situación.

Entre los ESTATUTOS de la unión nacionalista mexicana (Pro-raza y Salud Pública) firmados en México, D.F., 1930, podemos recuperar el Artículo 2, en el que versa, en su apéndice C), Velar porque las inmigraciones a la república sean lo más selectas posible, a efecto de buscar el mejoramiento de nuestra raza, rechazando todas aquéllas que no sean una garantía para la salud pública, especialmente con las razas que no cuadran con nuestro progreso tanto con nuestro estado etnológico y con nuestro progreso tanto físico como moral, como son los chinos, negros, judíos, turcos, sirio libaneses y otros inmigrantes no deseables, a quienes se les combatirá enérgicamente evitando su inmigración o estancia en el país.

  1. e) Por medio de propaganda en prensa generar un sentimiento NACIONALISTA, que tienda a unificar a la GRAN FAMILIA MEXICANA hacia un solo fin: EL MEJORAMIENTO SOCIAL, ECONÓMICO Y RACIAL DEL PUEBLO MEXICANO.
  2. i) Combatir tenazmente hasta conseguir se prohíba en lo absoluto la inmigración china al país, así como el matrimonio o amasiato de éstos con mexicanas.

Y continúa el CAPÍTULO SEXTO DE LAS COMISIONES, del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud:

  1. c) Vigilar estrictamente los establecimientos públicos regenteados por individuos de nacionalidad china, a fin de evitar de que éstos propaguen sus enfermedades y la explotación de nuestros connacionales.
  2. f) Presentar proyectos tendentes a evitar el cruzamiento de nuestra raza con otras consideradas como inferiores o perjudiciales, así como también la inmigración de individuos degenerados e indeseables

Ante este panorama y legislación dominante, se prohibió la entrada de chinos al país, y los comentarios xenófobos se suscitaron en todas las partes del territorio mexicano. Es en este momento, y coincido con muchos historiadores, cuando se gesta en México el sentimiento nacionalista que se implantó en el país en relación a la raza, en la cual los chinos, entre otros, nos tenían[2] cabida, y en su lugar se prefería a los europeos. El sentimiento de razas superiores y de “mejorar la raza” se convierte en un estandarte en muchos estados de la República, y es algo que aún en estos días tristemente sigue de actualidad.

Para lograr que los chinos cumplieran las leyes impuestas se crearon, entre otras cosas, las “Guardias Verdes de Sonora”, grupos paramilitares que hacían uso de la fuerza para hacer cumplir la ley. Estas "Guardias Verdes” no fueron las únicas, ya que existieron muchas organizaciones que se dedicaron a ensalzar el sentimiento antichino, entre ellas el “Comité Antichino de Torreón” y a la "Liga Mexicana Pro Raza”.

A pesar de que la población china participó en la modernización de México, trabajando en sus minas y construyendo sus ferrocarriles, muchos chinos tuvieron que mal vender sus negocios en Sonora, y se marcharon del país. Se cuenta, y los documentos lo corroboran, que fueron tantas las pérdidas económicas en ese estado, que el Banco de Sonora quebró por falta de capital.

Fue con la llegada de Lázaro Cárdenas en 1936, que las relaciones entre ambos países comenzaron a enfriarse y la llegada de chinos a México fue de nuevo un hecho.

En este siglo, el XXI, la presencia de chinos en México es una realidad, y municipios como Mexicali cuentan con una gran comunidad china que convive con mexicanos. El Barrio chino de la ciudad de México es una prueba de que la comunidad china en México, en la actualidad es respetada.

Es importante conocer la historia para no repetirla, y esto es algo que el actual gobierno de México ha tenido en consideración, y pedirá perdón a la comunidad china el próximo mes de mayo, como parte de la política de amistad con los pueblos que México ha tenido desde la época de Lázaro Cárdenas cuando se dio refugio a miles de republicanos españoles, entre otros. Tras tantos años de la matanza de Torreón, es de agradecer que por fin se reconozca la historia, se valore el esfuerzo y se considere a la población china como otro grupo más de los que conviven en este México cosmopolita que fue y será siempre.

 

 

[1] Mario Cerutti, “La Compañía Industrial Jabonera de La Laguna, comerciantes, agricultores e industria en el norte de México (1880-1925)”, en Historia de las grandes empresas en México, 1850-1930, p. 169.

[2] Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, F. SP, C. 23, EXP. 5, 1939-1932.

 

 

 Foto: Cortesía