Olímpicamente 2020

El año recién nacido es felizmente uno olímpico. ¡¿Qué mejor fiesta que esa?! Pero aunque la emoción está ya a tope, me cuesta trabajo dejar de lado la difícil situación que estamos viviendo en este planeta nombrado “Tierra”.

Para Raúl Frías Lucio, columnista de Milenio, los tres principales retos de nuestro país en 2020, son la violencia, la impunidad y la falta de estado de derecho –“donde muchos hacen lo que quieren, violando la ley sin que haya consecuencias”-.

A ello, yo sumaría que como raza humana, tenemos también otros demandantes retos como el cambio climático, los derechos humanos, y la tan trillada pero urgente “paz mundial”.

Mi sueño olímpico para la edición 2020, es que México brille logrando que la violencia sea una actitud para atacar únicamente el camino hacia el cumplimiento de metas e ilusiones; que la impunidad sea selectiva, aplicada solamente a la empatía, el amor y la sana convivencia; que el estado de derecho no sea siquiera necesario, pues en ese “poder hacer lo que se quiere” predomine querer el bien común por encima del propio, querer vivir en una casa limpia, organizada y compartida en justicia y armonía. 

Mi sueño es que en estos “Juegos de la amistad”, cada país sea representado por delegaciones formadas de guerreros con las siguientes virtudes:

Velocistas, que compitan por llegar lo más lejos en el menor tiempo posible a detener la explotación desmedida de los recursos naturales.

Equipos dotados para lograr el ritmo y la estética del nado sincronizado concordando  en los valores humanos, el respeto y la justicia.

Tiradores con tino impecable hacia un blanco de paz, empatía y respeto a la diversidad.

Lanzadores que coloquen la jabalina con fuerza y precisión en la inclusión y la equidad.

Conjuntos de diferentes disciplinas en los que los jugadores que los conformen, se comuniquen, se apoyen y no se pierdan de vista unos a otros. Que sean estrategas expertos en llevar el balón a anotar el tanto para erradicar la pobreza y el hambre.

Luchadores activos y propositivos.

Bateadores que “saquen del parque” la corrupción, la enfermedad por el poder y el egoísmo político.

Montañistas que conquisten la cima más alta, logrando una visión del mundo sin fronteras.

Artistas marciales que desarrollen cuerpo, mente y espíritu con disciplina milenaria.

Surfistas que se deslicen en el oleaje de la adversidad de una forma estética y sorprendente, siendo inspiración para la resiliencia.

Y que al final de esta olimpiada, los países participantes empatemos en lo más alto del podium, nos pese el cuello de tantas medallas y la ceremonia de clausura sea un verdadero encuentro entre naciones. Finalmente, que se entregue la estafeta a la nación anfitriona que se lucirá en la siguiente edición, continuando la tan cerrada competencia.

¡Que empiecen los juegos de la abundancia!

 

@kperezgil




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