2019: una competencia de obstáculos

A lo mejor mi 2019 no es muy diferente al de muchos, pero es el mío y eso lo hace especial para mí. Pero como país arrancamos el año estrenando gobierno y eso nos impactó a todos. El robo en despoblado y el cruel descuido de las administraciones pasadas nos tenían iracundos, lo cual llevó a un cambio de régimen con la elección de nuestros nuevos representantes. Así que algunos se pararon en la línea de salda jubilosos cantando el himno nacional y brincando de alegría. Otros esperanzados pero nerviosos, ya que este nuevo formato no incluyó guía del atleta. Por el contrario, había que arrancar con los ojos vendados. No se conocía el camino y el nuevo reglamento no era claro, así que suerte con eso. Muchos otros, abandonaron la contienda incluso antes del balazo de salida, furiosos cual niños obligados a ir a misa en lugar de al parque, en una decisión familiar por mayoría de votos.

 

El 2019 se trató de una etapa de obstáculos sin previo aviso, por lo que una estrategia flexible era lo más inteligente. Aquí la crónica de mi experiencia:

 

¡Pies para qué los quiero! ¡A correr sin desfallecer! que para eso entreno Se acabaron las excusas, los achaques, las vacas flacas. Todo eso pertenece al pasado y el pasado no existe. Solo está el presente representado en el año nuevo. ¡Vamos por todo!, kilómetro a kilómetro, metro a metro, zancada a zancada. O lo que es lo mismo: mes a mes, semana a semana… y cuando se ponga difícil, a pepenarnos del “solo por hoy”.  Mi equipo está inscrito en la Federación como Asociación Civil, y las nuevas cabezas pusieron el ojo en nosotros desde un inicio, debido a dos que tres de la misma categoría que no habían jugado limpio en ediciones pasadas.

 

Arrancamos de subida, la famosa “cuesta de enero” que trae inevitablemente la sensación de engarrotamiento. Aunado a ello,  la mala idea de  mirar el pulsómetro y ver que apenas iniciando, ya marcaba 180 pulsaciones por minuto. . Decidí esperar un poco a ver si después de los 4 ó 5 primeros kilómetros las cosas se normalizaban. Los instrumentos marcaban números en rojo, y habían algunas señales que indicaban que los obstáculos serían más intimidantes de lo esperado: recorte de presupuesto que llevó a menos estructura operativa, y puestos de abastecimiento muy limitados (desabasto de gasolina). La sensación de pronto era como participar involuntariamente en el Paris-Dakar, en donde el dominio de la brújula es fundamental, estando acostumbrados a las carreras en Chapultepec y Reforma, con marcaje continuo.

 

El ritmo que llevábamos en mi equipo era bueno, y empezaba a gustarnos la sensación, nos sentíamos fuertes. Competíamos por una causa noble, incluso “sexy” para nuestros patrocinadores, logrando recaudar cifras atractivas. Pero ante los ojos de los nuevos jueces, solo éramos de los tramposos. Aún así, estábamos convencidos de que conseguiríamos nuestros objetivos.

 

Avanzados un poco más en la ruta vino la gran sorpresa: aparecieron dos amonestaciones en el pizarrón, ¡sin previo aviso! Estábamos en la cuerda floja ante la descalificación sin ninguna falta al reglamento. Ahora ya no contábamos con el apoyo de la organización. No obtendríamos medalla, y nuestros patrocinadores tenían que olvidarse de su reconocimiento. ¡Qué injusto! ¡Nosotros no hemos hecho trampa! Estábamos fuera oficialmente, pero podíamos continuar bajo nuestros propios medios, sabiendo que el arco de meta ya no estaría levantado para nosotros. Seguimos tan solo por no tirar la toalla y esperar un milagro.

 

Nos cruzamos con todo tipo de corredores en la ruta. Aquellos que animan, los que no les importa codearte o incluso sacarte el zapato si a caso llegas a interponerte en su línea (voy, derecho, no me quito, si me pegan me desquito), el prendido que lleva su rocola a todo volumen, el activista vestido de basurero por la causa ambiental, quienes por poco llevan la dona y el café en la mano para acompañar al chisme, y no falta el competitivo que ni se entera que hay otros a su alrededor. Como en toda carrera de resistencia, hubieron lindos encuentros con niños, mujeres, hombres y grupos marginados que en su lucha contagiaban fortaleza, pero también aquellos otros que no perdieron oportunidad de meternos el pie.

 

En lo personal, la fiesta en Reforma me inyectaba ánimo. Los gritos con “pintas” de colores y brillantina, las porras de mujeres por la equidad, el avance de pelotones exigiendo justicia, sembraban la semilla de esperanza ante la incertidumbre. ¿Lograremos pasar los obstáculos? y en ese caso ¿Seremos vistos y reconocidos en la linea de meta?

 

En la segunda mitad de la etapa, me tocó irme a la banca tras no una, ni dos, sino tres cirugías que me obligaron a apoyar al equipo a la distancia, y retomar unos meses después el reto físico. Los obstáculos no dejaban de sorprendernos, pues en ocasiones eran amenazas, queriendo hacerse pasar por retos. Al final, los pizarrones nos anunciaban fuera de competencia, pero nosotros seguíamos aferrados al “solo por hoy” esperando algún milagro.

 

A unos minutos del corte por tiempo, la capitana de nuestro equipo, nos entregó una botella de oxígeno en mano, cual gregario profesional a su sprinter en el Tour de Francia. Logramos dar una última bocanada de aire, para poder cruzar la línea final. Así ganamos tiempo para establecer nuevos objetivos, planear estrategias y evaluar si continuamos en la siguiente etapa de la contienda. Festejamos con abrazos y, si, algunas lágrimas liberando el estrés y el temor acumulado por los obstáculos inesperados.

 

Horas, minutos, segundos, centésimas y milésimas separan la muralla del triunfo con el fracaso. No siempre el quinto lugar o el 276 simbolizan un resultado negativo. Hay deportistas que evalúan el rendimiento de acuerdo a sus expectativas previas y sí cumplió con sus objetivos personales, y no por un podium o un número ordinario. Para nosotros, el resultado  en esta etapa no fue el esperado, pero como equipo encontramos entre nosotros el apoyo para seguir avanzando como individuos. Probablemente pronto por caminos diferentes, pero esta lucha nos ha dejado mucho aprendizaje y cariño. Por eso, termino este 2019 con sabor a triunfo.

 

Así que 2020, ¡venga, que no te tengo miedo!

 

@kperezgil

Copyright© 2019 Central FM Todos los derechos reservados.