La piñata tiene caca ...

Mañana ya es noche buena. El año voló y el olor a pino, guayaba y canela ya perfuma muchos hogares. Las emociones empiezan a brotar a flor de piel, siendo lo que suele permear en épocas navideñas. Los “grinch” querrán negar que su corazón se manifieste, pero el simple gruñir ante las fiestas y tradiciones, ya es una emoción en movimiento. Cada quién las suyas sin duda.

Hay quienes lloran a los ausentes, otros que los inhunda la alegría y el cariño y van por la vida cantando villancicos. Y claro, los que refunfuñan por todo lo que tenga motivo navideño. Algunos entramos en introspección, y otros cambian el switch al modo fiesta, como buenos contendientes del maratón Lupe-Reyes. Pero como mexicanos, tenemos tradiciones que nos identifican a todos. Uno muy representativo de las posadas, es la piñata. Pero ¿qué significa? Vale la pena hacer una breve revisión.

En la clásica piñata con forma de estrella, los picos simbolizan los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza), por lo que romperla significa acabar con estos males, mientras que los dulces y la fruta que caen representan las bendiciones que la humanidad recibe por sus buenas acciones. Que los “premios” por hacer el bien se represente con una “lluvia” de aquello que causa uno de nuestros pecadillos más comunes, me parece genial. No cabe duda que los mexicanos siempre encontramos la forma de voltear la tortilla para darnos un gustito sin culpa.

Tener los ojos vendados a la hora de pegarle, representa la fe que el ser humano tiene para acabar con las cosas malas del mundo, y el significado del palo es el de la virtud divina: toda la bondad que puede existir en tus manos como herramienta para derrotar al mal.

Los demás presentes, apoyan con sus gritos guiando a la persona para que logre romper la piñata. Me gusta la idea de que ante la fe, confiemos por completo en quienes nos rodean para no sucumbir ante las tentaciones. Sin embargo me pregunto si realmente se da en nuestra sociedad.

Tu, querido lector ¿qué tanto confías en tu comunidad como guía hacia el buen camino? ¿Son nuestras instituciones una luz hacia el “bien hacer”? Siento que quedamos fuertemente en deuda.

Y de pronto me viene la idea de el deporte en la vida, cumpliendo la función del palo para quebrar la piñata; una herramienta con la que tratamos de romper con las tentaciones. Encuentro algunas semejanzas en estas metáforas:

Por un lado, el deporte pertenece al equipo de lo “bueno”, se le coloca en el cajón de la vida saludable, percibido como noble con el cuerpo y la mente; Por el otro, el palo es una virtud divina, bondadoso. Ambos actúan con fuerza, agresividad y contundencia. Lo mínimo para poder romper con algo tan fuerte como los siete pecados capitales.

Sin embargo, me parece que ambos tienen un riesgo potencial de lastimar a aquel que lo usa, e incluso a quienes lo rodean si pierde el objetivo, o no escucha el cantar de sus guías:

Dale, dale, dale,
No pierdas el tino,
Porque si lo pierdes
Pierdes el camino.

Dale, dale, dale,
No pierdas el tino,
Mide la distancia
Que hay en el camino.

Ya le diste uno,
Ya le diste dos,
Ya le diste tres
Y tu tiempo se acabó.

Como deportista, el tiempo y la distancia son lo más preciado. No solo en competencia o partido, sino en cada entrenamiento y en cada esfuerzo. Un segundo o un metro, pueden representar la muerte chiquita. Ni qué decir de la importancia del tino en muchas disciplinas. Resultan las mismas pistas que nos dan los guías para romper la piñata. ¿Casualidad o destino?

Ahora, en la vida ¿cuántas oportunidades tenemos para romper con el mal?, ¿qué tanto las vemos? Y cuando las vemos, ¿qué tanto las tomamos? Y en ese caso, ¿cuáles herramientas utilizamos? Pero sobre todo, ¿cómo me siento con eso?

Me parece que la navidad es una buena oportunidad para hacer un mapeo sobre el tema. Son días en donde los valores como la familia, el cariño, la empatía y la bondad, suponen ser la prioridad. Por mi parte, les confieso que el deporte es mi palo de escoba favorito, sin embargo, estoy conciente de que que muchas veces me deja lejos de romper con el mal, y en mi dificultad de dosificar la fuerza para solo quebrar la piñata, llego a lastimarme. La herramienta se convierte en el pecado. Si, es una tentación que me mantiene en lucha constante.

Y tú, ¿qué nobles herramientas identificas que pueden convertirse en tu pecado? Si por ahí los cachas, ya no hay pretexto para no entrarle al toro por los cuernos… o más bien a la piñata por los picos.

No quiero terminar sin antes desearles una navidad acogedora, rodeados de cariño y lindos encuentros. Que el espíritu navideño invite a la empatía y la bondad, a ser las maestras de ceremonias en su ser y hacer de estas fechas… y por qué no, en el resto de nuestros días.

@kperezgil

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