TLAZOCAMATI

El pasado jueves se celebró el día de Acción de Gracias en la Unión Americana y pareciera que algunos mexicanos han ido adoptando la tradición. No me quejo… si hemos de sumarnos, que sea a este tipo de prácticas. Agradecer genuinamente es un acto muy poderoso.

Sin embargo, vale la pena conocer nuestras tradiciones sobre el tema.

Como explica el artículo “Los Rituales del Maíz I” de la revista PlacerEsMex, en México, el maíz, -a su manera-, ha sido considerado un fenómeno divino. Alrededor de este producto se siguen realizando rituales, por ejemplo el que se hace en la huasteca, región que comprende al menos seis estados de la República mexicana en la que habitan nahuas, otomíes, pames, totonacos, huastecos y tepehuas. En esta zona la ceremonia del maíz se conoce como Tlamanes, que en náhuatl significa agradecimiento.

Tlamanes se celebra en dos épocas del año agrícola: con la llegada de las lluvias durante el periodo de siembra (abril-mayo), y con motivo de la cosecha (octubre-noviembre). En la primera época, el objetivo de estas ceremonias es solicitar permiso a los Señores de Abajo, los Señores de la Tierra, para sembrar el maíz en las milpas (campos sembrados de maíz). En la segunda, se agradece la cosecha correspondiente.

Durante el ritual hay comida, bebida, música, bailes, flores, velas, tabaco, copal (incienso), semillas de maíz, entre muchas otras cosas para el altar. En este rito participan el dueño de la milpa, su familia y amigos cercanos. No es raro escuchar entre ellos expresiones  como: «el maíz es nuestra fuerza», «el maíz es nuestra sangre», «el maíz es nuestro padre».

Y en su forma oral, Tlazocamati es mucho mas que decir gracias. Proviene del corazón de la cultura náhuatl, significa agradecer tanto el gesto de una persona como el calor y la energía que transmite su fuego interior. Uf, muy profundo… y de ahí radica su poder.

Hoy te comparto el altar de mi Tlamanes, con un sincero ¡tlazocamati!:

Mi siembra este año, sufrió algunos pormenores: amenazas de catástrofes por el clima (político), agresores ala milpita que me llevaron un par de veces al quirófano, y una que otra tormenta que  puso en peligro la cosecha. Sin embargo, al final perseveró la abundancia.

Una de mis semillas más valiosas es el deporte, y de ahí coseché deliciosos nutrimentos: rodadas gozadas y algunas sufridas; reflexiones profundas en el sofá en convalecencia; la conquista del territorio extranjero a mi zona de confort tanto en movimiento, como en la obligada quietud; el recordatorio de que el mundo no se come a puños, sino en pequeños bocados (mejor aún disfrutando cada uno).

Así que tlazocamatli por ayudarme a reafirmar que no tener miedo a tomar riesgos ayuda a alcanzar grandes logros, pero que a veces, no se llega al objetivo si no se tiene la paciencia de esperar, comprender y aceptar. Y en ocasiones, trazar una nueva ruta.

Por los pasos lentos y los veloces; por el peso sobre la espalda que fortalece el alma; las alegrías y los dolores que me recuerdan que estoy viva.

Tlazocamatli por cada pedalazo que me da equilibrio; cada jadeo que oxigena al corazón; cada cumbre que me ofrece otra perspectiva, y por el sillón en el que puedo tanto disfrutar el cansancio por mis logros, como entrar en mis grutas a conocerme en lo profundo.

Tlazocamatli por ser, por estar; por ti, por mi… ¡por todos!

Y en tu Tlamanes, ¿a qué le cantas? Te leo.

@kperezgil

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