CALAVERITA DEPORTIVA

Estaba la flaca observando,

al deporte vivito entrenando.

Esperando de cansancio falleciera,

sin siquiera moverse la muy convenenciera.

 

El deporte es su más grande rival,

pues la muerte va en contra de lo vital.

La huesuda sedentaria e incompetente,

esperaba algún milagro de repente.

 

“Ese pulso tendrá que morir”,

murmuró en silencio al no verlo sucumbir.

Pero siendo el deporte en sí mismo vida,

siempre le tapa la boca sin cabida.

 

“¡Como a toda tradición te maldigo!”,

grito la huesuda con furia desde el ombligo,

dándose cuenta de su gran esfuerzo en vano,

y que el deporte no morirá pues no es mundano.

 

Siendo tradición de múltiples visiones,

el deporte será eterno en todas las naciones.

Así la muerte solloza su fracasos,

implorando que el deporte muera sin más plazos.

 

…..

 

El deporte tiene vida eterna, como paradójicamente también nuestra tradición del día de muertos. Y en esta fiesta de vida, que llamamos muerte, es que surge este escrito a modo de ofrenda para aquellos atletas que residen en Mictlán.

 

Como antecedente, vale la pena recordar que Mictlán es el inframundo mexica a donde llegaban quienes morían de forma natural sin que importara su rango o riqueza, y donde debían atravesar nueve regiones superando obstáculos extraordinarios, algo que les tomaba cuatro años. Si lo conseguían, su tonalli (alma) se liberaba y podía descansar con Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, que eran esposos y los dioses del inframundo.

 

La ofrenda de muertos, suele montarse escalonada, y cada peldaño representa un diferente nivel o región del inframundo. Ofrece de forma simbólica a quien ha fallecido, el camino para que su alma logre el descanso. En el día de muertos, los familiares se sientan en la mesa y comparten las bebidas y la comida preparada para el festín, escuchando música del agrado del difunto, se habla sobre las novedades de la familia, se recuerdan anécdotas del difunto y se pide él.

 

El festejo es un reencuentro, aunque breve, feliz, con la promesa de alcanzarlos en el más allá, llegado el momento.

 

¿Quién podría dudar de que Enriqueta Basilio (atleta) sea la primera mujer que brinque los obstáculos de las nueve regiones por debajo de los 4 años? ¿Qué Diana González (futbolista), como buena medio campista, organice el inframundo para acomodar el pase a la paz eterna?

 

Estoy segura de que Joaquín Capilla (natación), Manuel Raga (basquetbol), Soraya Jiménez (halterofilia), y todos aquellos que han marcado la historia de nuestro país, no necesitan ayuda para llegar a su meta, pero sin duda se han ganado una  ofrenda en la historia mexicana, e indudablemente han cruzado los diferentes niveles del inframundo rompiendo marcas.

 

Así que paz eterna para ellos, que acá nos han dejado alegrías inmortales. Y que este fin de semana, haya sido para todos, de hermosos encuentros con aquellos que extrañamos.

 

¡Que viva la tradición de muertos!

 

@kperezgil

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