DOLER PARA CONECTAR

Este fin de semana, en un rato de apapacho, me arrojé a Netflix topándome con la película Soul Surfer; que si la producción no me pareció espectacular, la trama habla por sí sola. Está basada en la vida de Bethany Hamilton, quien se ha convertido en una fuente de inspiración para millones, a través de su historia de determinación, fe y esperanza. Protagonizada por la actriz AnnaSophia Rodd, es la misma Hamilton la que funge como doble en las escenas de surfeo.

 

Nacida en Hawái, a la edad de 13 años, Bethany perdió el brazo izquierdo por mordida de un tiburón tigre de 4.3 metros, lo que pareció terminar con su carrera como una estrella del surf en ascenso.

 

Un mes después del ataque, regresó al agua y en dos años había ganado su primer título nacional. En 2007, cumplió el sueño de surfear profesionalmente y desde entonces, su historia ha sido contada en una de las autobiografías más vendidas del New York Times, así como en la película en cuestión.

 

Cada quién vive su propia batalla, y Bethany ha sido vencedora en la línea de fuego, lo cual me movió en lo profundo. Día a día nos encontramos con retos que, aunque para otros resulten menores, viéndolos de tan cerca, perdemos el panorama completo y por lo tanto rutas de salida.

 

En ese callejón me he encontrado en algunas ocasiones, y creo que eso es lo que me ayudó a tocar de cierta forma el dolor de Bethany… No podemos imaginar lo que alguien siente, si jamás hemos experimentado algo semejante. Yo no perdí un brazo, pero he sufrido accidentes y lesiones dolorosas, que me han llevado a engrosar el valor de la vida, de mis pasiones y del esfuerzo que requiere lograr un objetivo cuando pareciera que retomar es imposible. Confieso que lloré a lágrima tendida durante la película, al recordar mis momentos de desesperanza, miedo y frustración, y desde ahí me conecté con el dolor, la fortaleza y la determinación de Bethany. Me sorprendió tanto mi reacción, que heme aquí tratando de acomodarla con ustedes.

 

Particularmente creo que la empatía es uno de los valores fundamentales en el desarrollo humano, pero también uno de los más difíciles de llevar a la práctica por la invasión de mensajes que nos llenan la cabeza de ideas como “tienes que ser el mejor, subir a lo más alto del podium, del organigrama, de los puestos de poder… cuéstele a quien le cueste”. Sin embargo, quien la cultiva funcionalmente, desarrolla la escucha activa, la comprensión y el apoyo emocional. ¿Qué mejor forma de estar con el otro que esa? Y no solo con quien ha sufrido una tragedia, sino con los nuestros: pareja, hijos, familia, vecino, amigo y comunidad.

 

¿Y el deporte qué vela tiene en este entierro?

 

Al preguntarme si el deporte es una herramienta para la empatía, sin dudarlo respondo que si. Entrenar, luchar por mejorar marcas, alcanzar un objetivo y ser más fuerte, exige experimentar y resistir dolor e incomodidad y por lo tanto desarrolla la tolerancia a la frustración. Es cierto que los competidores que se enfocan a sus propios resultados, parecieran egoístas, sin embargo quiero pensar que fuera de la competencia, en el dolor humano, podemos tocar nuestro propio sufrimiento con mayor facilidad y comprender al otro, acompañarlo. Tan solo hay que mirar a los muchos deportistas profesionales que dedican gran parte de su tiempo y recursos a causas nobles. Bethany participa en varios esfuerzos de responsabilidad social, incluida su propia fundación Friends of Bethany, la cual atiende amputados y jóvenes de bajos recursos. Pero hay otros que en su historia no hay una pérdida como la que sufrió ella, y de igual forma se entregan a una causa con la que empatizan. Por ejemplo Cristiano Ronaldo, quien tan solo el año pasado recaudó dinero para diversas causas, incluyendo una donación de más de 83 mil dólares para niño de 10 años que necesitaba una cirugía en el cerebro, y 165 mil dólares para financiar el centro contra el cáncer en el que se estaba tratando su madre. Es cierto que cuentan con esos recursos y más para apoyar, pero estoy  convencida de que es la empatía la que dispara la acción.

 

En un mundo empático, podríamos visualizar la tan trillada paz mundial al alcance, y no solo como el típico deseo al genio de la lámpara cuando no sabemos qué pedir. Mi petición es pues, que cultivemos la empatía por los medios posibles. Mi propuesta aquí es el deporte, pero no es el único. Y aunque pareciera un sueño guajiro, me quedo con la frase de Bethany Hamilton ante la duda de otros para convertirse en surfista profesional:

 

“No necesito que se fácil, solo que sea posible.”

 

@kperezgil

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