SÍ LE VENDO EL ALMA A ESE DIABLO

Ayer tocó día circense… “Crystal by Cirque du Soleil”. Aunque es sobre hielo, resulta una experiencia de todo menos fría. Más bien abrumadoramente bella, tocando fibras sensibles en cada acto. En un espacio limitado de tiempo viví junto a una niña la soledad, su esperanza, ilusión, y lucha por encontrarse. Pero también la angustia ante los actos en donde los artistas ponen su vida en riesgo, alivio cuando logran la peripecia. Y por supuesto alegría, romance y el fervor que genera la música especialmente seleccionada que acompaña la coreografía.

Al final de la función y ver mi reloj, noté que habían pasado cerca de 2 horas, pero el tiempo resulta de otra dimensión, deseando que no termine. Me transportó a un mundo fantástico, despertando de nuevo (si, no es la primera vez que me sucede), las ganas de algún día formar parte de un proyecto semejante, aunque fuera detrás del escenario. Siendo realista, probablemente será en otra vida… pero ¿qué es lo que me genera ese impulso cada vez que soy parte de su público? Principalmente la belleza y el lenguaje emocional que logra mover tantos corazones. Aunado a ello, un estilo de vida artístico/deportivo inmensamente diverso, formado por personas de 55 países diferentes.

Sumado a las distintas tradiciones, culturas, religiones y cosmovisión que dibujan a esta gran familia, el elenco se construye de disciplinas deportivas, como gimnasia rítmica y acrobática, además de trampolín, tumbling, salto, nado sincronizado y disciplinas acrobáticas urbanas. También incluye artistas circenses, y diferentes formaciones artísticas como danza, música, teatro físico y arte callejero. Y como en toda familia, hay desde niños hasta adultos mayores que participan de una u otra forma. Como lo explican en su sitio web, este equipo multidisciplinario “permite ofrecer un entorno artístico único, donde las ideas y los sueños crecen para convertirse en algo que los públicos de todo el mundo recordarán toda la vida.” Confieso que soy una prueba irrefutable de ello.

Este espectáculo viajero, desde sus inicios ha ofrecido una visión única de las artes circenses: Libre de animales, llamativa, dramática, hermosa y reflexiva. Los artistas callejeros que lo formaron de origen, portaban trajes escandalosos, utilizaban iluminación convirtiendo el escenario en magia y siempre acompañado de música delicadamente producida. Laliberté (miembro del grupo fundador de la compañía), apodó a este nuevo elenco móvil Cirque du Soleil porque, en sus propias palabras, “El sol simboliza la juventud, energía y fuerza”. “Un nombre adecuado; al elevarse el sol de Cirque du Soleil por primera vez, comenzó un nuevo amanecer en el mundo de las artes circenses”, se lee en su página oficial. Y yo sumaría, que es también muy atinado, pues la palabra fuerza se muestra no solo en los cuerpos de cada atleta, sino en los mensajes que transmite y el impacto que genera. “¡Que fuerte!” es un pensamiento que me resulta repetitivo en cada obra que he tenido la suerte de vivir.

Pertenecer a esta compañía significa viajar por el mundo, entregar vida y obra a la firma que se convierte en familia, red social, reto, conflicto y barrera de contención. Es poner todos los huevos en una sola canasta, convirtiéndose en un todo. De ese tamaño es el nivel de compromiso y entrega que exige. Y “vender el alma al diablo” de esa forma, requiere más allá de simple amor al arte. Yo, firmaba el contrato sin chistar.

No soy la única que sueña con ser parte del Circo del Sol. Miles y miles de aplicaciones son revisadas en las oficinas centrales del Cirque constantemente, y solo a los más comprometidos e íntegros son a quienes se les abre la puerta. En el elenco de la compañía nos encontramos con ex atletas olímpicos como Marissa King (gimnasta británica), Grègoire Pennes (especialista en trampolín, Francia), Crant Golding (gimnasta canadiense), Sergei Kudrevich (nadador beloruso), entre otros, quienes al terminar su carrera deportiva profesional, hoy son de las estrellas más presumidas.

Ojalá, en lo que se me cumple el sueño de que compren mi alma (si, soy una de esos miles que ha mandado solicitud), como sociedad aprendiéramos de la filosofía del circo moderno:  incluyente, en donde las diferencias lejos de segregar, suman y enriquecen, sin la explotación de animales y otros seres vivientes. Y más aún, lograr la confianza en quienes los impulsan a volar y en aquellos que los reciben para amortiguar la caída. En aquel que los soportará columpiándose juntos en las alturas, y quienes estarán en el momento preciso para sostenerlos. Sin el compromiso total de uno, los demás quedan vulnerables. Cada pieza es esencial para que la obra sea completa.

Solo con base en la confianza se puede crear esa dimensión de arte, belleza y romance…  Ya ti ¿no se te antoja venderle el alma a ese diablo?

@kperezgil

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