Mis héroes no necesitan capa

Toda sociedad, en el transcurrir del tiempo, ha sentido la necesidad de generar un culto a los héroes. Basta asomarse a la historia para comprobarlo: infinidad de tratados se han escrito sobre ello, se filman numerosas películas bibliográficas cada año para mantener la memoria de los inmortales y avivar su influencia en la historia. Y se crean nuevos, incluso “súper” héroes (Marvel no me dejará mentir), entre otros mecanismos. Sobre el tema, “El Viaje del Héroe” es una joya en la que el mitólogo Joseph Campbell define el modelo básico de la gran mayoría de los relatos épicos alrededor del mundo.

 

Pero ¿por qué seguimos atados a ellos? ¿Qué nos hace sentir la necesidad de
mantenerlos tan cerca de nosotros? ¿Por qué esta urgencia en proteger la memoria de un cuento o mito?

 

Como yo lo veo, es que los seres humanos nos comunicamos por medio de signos y símbolos, de esa forma podemos transmitir a los demás nuestro pensamiento. Las palabras son signos, y buscamos también señales que transmitan un mensaje. Si les muestro una cruz roja sobre un fondo blanco todos entenderemos a qué me refiero, pues usamos ese símbolo para representar a la organización de la Cruz Roja, así la ubicamos de manera fácil cuando hay un peligro o una catástrofe.

 

De un modo mucho más complejo, los héroes son como la imagen de la Cruz Roja para la sociedad, pues son útiles para comunicar el comportamiento ideal ante ciertas eventualidades. Son indicadores morales de ideales, pero sobre todo de virtudes; de alguna manera son regentes de la vida social.

 

Pero ¿a quién llamamos héroe?  ¿Cuál es el individuo seleccionado entre los otros al que le colocamos esa distinción?

 

La vida está determinada por nuestras acciones y la influencia que esas acciones tendrán en los demás; es por eso que consideramos que un individuo es un héroe cuando evaluamos que durante su vida emprendió una serie de acciones épicas, nobles y generosas para impactar el destino de la sociedad. Estas acciones están envueltas en un manto de justicia, y ese esfuerzo no se ve contaminado por ser en búsqueda de una utilidad, al contrario, el héroe está siempre dispuesto a sacrificarse  por aquello que es justo.

 

Para el poeta Andrés Bello, en Alocución a la poesía los héroes comparten ciertas características como la valentía o el arrojo, “un ejercicio constante de la sabiduría y la belleza y la búsqueda de un bien mayor: la justicia a través de la honestidad.” 

 

Coincido con su descripción pero me atrevo a decir que en ocasiones la justicia suele ser una virtud que más de uno, con tal de subirse al panteón de la historia, ha usado modificándola a su provecho o para manipular a otros. El fundamento de la justicia está en un acto consciente de someter a juicio la realidad, y determinar que nos guste o no, debemos tratar a todos los seres vivos de la misma forma, respetándolos aun cuando eso pareciera perjudicarnos en lo individual y/o a un segmento social.

 

El héroe no impone su visión del mundo, defiende un mundo justo.

 

Para J. Campbell, el viaje del héroe arranca con el personaje en su mundo ordinario, quien recibe algún tipo de llamada para entrar en otro desconocido, poblado de poderes y sucesos extraños. El héroe que acepta la llamada para ingresar en este mundo extraño, debe enfrentarse a diversas tareas y pruebas, ya sea en solitario o con ayuda. En versiones narrativas más desarrolladas, el héroe debe sobrevivir a un grave problema, a menudo con ayuda. Si el héroe sobrevive, obtiene un gran regalo, don o bendición. Después, el héroe debe decidir si regresa al mundo ordinario con el don adquirido. Si el héroe decide volver, él o ella a menudo se enfrentan a retos en el viaje de vuelta. Si el héroe regresa con éxito, la bendición o el don se pueden usar para mejorar el mundo.

 

Mis héroes, no aparecen en los libros o filmes (aún), y no necesitan capa; son un selecto bonche de atletas a los que he tenido la fortuna de acompañar de diferentes formas. Por unos años, hombro con hombro; en los últimos, más a la distancia, pero con la ayuda de las redes sociales, mi admiración y el cariño, siempre siguiéndolos muy de cerca.

 

Cuando los conocí, eran púberes que habían recibido el llamado del sueño olímpico y la garra suficiente para entrar a ese mundo y mantenerse en la lucha por hacerlo realidad. Afrontaron historias duras, batallas que imponían con los años algunas trampas, muros, tormentas y retos que con una pizca menos de resiliencia y tenacidad, hoy probablemente serían jóvenes confundidos, o simplemente estarían navegando por la vida como la “suerte” les fuera permitiendo.

 

Alguno superó dificultades contundentes para llevar organizadamente de forma paralela a la deportiva, una carrera universitaria; otro, se levantó de la dolorosísima pérdida del padre que había sido su inspiración y pilar de vida…  Una tercera, incluso retó a la ciencia cuando las pruebas metabólicas le anunciaban que “no tenía con ella” lo necesario para cumplir su sueño. Hoy, los tres con título de licenciatura en carreras complejas de universidades de alto nivel, siguen sacando la garra en cada entrenamiento y competencia, siendo seleccionados para competencias internacionales. Son íntegros en sus convicciones, nunca buscando ganar con trampas o trucos, aunque eso los llegara a poner en desventaja. Probablemente ajustando el GPS para llegar, pero nunca tirando la toalla.

 

Ellos no necesitan capa, porque vuelan solos. Llegan a lo más alto con sus propios medios, usando sobre todo el corazón. Y ese es su súper poder: no desisten en la batalla defendiendo siempre el juego limpio, la justicia por un mundo con oportunidades, aunque en ocasiones las circunstancias les gritaran lo contrario. En cada viaje, vuelven con un nuevo don y más fuertes. Ellos son mis héroes, mi gran inspiración. El encuentro fortuito con alguno, un par de clicks en mi celular para enterarme, son una bomba de ánimo e ilusión.

 

No podemos prescindir de los héroes, como no podemos prescindir del lenguaje o de los cuentos. Sin los héroes estaríamos incompletos, entonces, observemos a los héroes, los verdaderos, los justos, esos que soportan el temblor de la adversidad, e inspiran a otros con su propia lucha… y si abrimos bien los ojos, podrían estar más cerca de lo que imaginamos.

 

Gracias a esos míos, por nunca soltar la espada.

 

@kperezgil

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