Lidiar con la inevitable vida paralela

Esta semana he tenido el privilegio de visitar a mi hermana que vive fuera del país, y aunque no es la primera vez que vengo a verla, siempre es refrescante salir de lo conocido, y experimentar la novedad. Correr la ciudad de Boston, caminar por sus calles y parques, me invita a observar las similitudes y las diferencias de comportamiento entre su población y la nuestra, incluso realizando las mismas actividades. Se ven corredores por doquier como afortunadamente ya vemos en nuestras ciudades, pero en su inmensa mayoría solitarios. No me he cruzado con ningún equipo o grupo de amigos corriendo juntos como sucede los domingos  en Reforma, Chapultepec, C.U y en montañas como el Desierto de los Leones.

Acá, parecen estar más conectados a sus aparatejes que a la actividad deportiva y/o a un grupo afín. De pronto me parece observar a cuerpos moviéndose, pero mentes y espíritus ausentes. Me hace falta la sensación de una comunidad deportiva, de tradiciones como desayunar con los amigos después de compartir la pasión, animarse unos a otros con una porra discreta, o por lo menos intercambiar un saludo. Y esto, aun estando en la ciudad en donde se lleva a cabo El Maratón soñado por todo “runner” de largas distancias competitivo. Justamente mi última visita a Boston, coincidió con la fecha del bombazo en la meta de la famosa carrera. Y me pregunto si aún tendrá algún efecto en esos corredores que repasan la ruta que llevó a muchos a la tragedia, pero ese podría ser tema para otra ocasión.

Esto que a mis ojos aparenta una desconexión, junto con el ya repasado tema de cómo la tecnología nos ha hipnotizado a un muy amplio porcentaje de pobladores terrícolas, me empuja a la reflexión sobre la forma en que las tecnologías han cambiado la manera de ver el mundo en el deporte. Y no solo la oportunidad de hacer deporte escuchando música, un podcast o audiolibro, sino el poder de las redes sociales en la dinámica y la psicología tanto individual como social.

“Los deportistas son personas antes que deportistas" es la frase que repiten en los cursos y libros sobre psicología del deporte desde un inicio; un aspecto tan básico, pero que pocos parecemos recordar.

Como en todo tema relacionado, es importante tomar en cuenta la enorme diferencia de ser un deportista profesional a uno amateur. En la comunicación dentro del deporte de élite, hoy en día nos encontramos ante la posibilidad de ser tanto el emisor de un mensaje como el remitente. Es decir, si antes jugábamos un papel pasivo como espectador frente al televisor o como radioescucha, hoy en día podemos ser de igual forma el que crea y comparte la información o incluso, con suerte, recibir respuesta de uno de nuestros héroes. A través de la conexión se comparten opiniones y experiencias tanto positivas como negativas, recomendaciones o regaños, entre otras cosas. El deporte genera pasión y por lo tanto otra serie de emociones como frustración, enojo y euforia; las redes sociales pueden ser una trampa en la fuga de esas emociones, así que dichas opiniones serán, en la mayoría de las ocasiones, resultado de lo que llama la teoría psicoanalítica, una expresión del ello; del propio impulso. En este punto, sería interesante cuestionarnos ¿hasta qué punto se puede dañar la personalidad de un deportista como figura pública?, o bien ¿a qué está expuesto un deportista en el espacio de las redes sociales?

Los deportistas profesionales, o al menos los que alcanzan la fama, generalmente se apoyan de un “community manager”, quien se encarga de manejar toda comunicación en medios y redes sociales, así como hacerles más liviana la formación y manejo de imagen ante la sociedad. Igualmente, aunque muchas veces no pareciera, los atletas suelen tomar cursos para saber cómo manejar a su favor estás formas de comunicación. No obstante, las redes se encuentran repletas de opiniones que los agreden y buscan dañarlos: “trolls”, “haters” e incluso rivales de competencia. De ahí que sea importante considerar el nivel emocional, ya que éste puede ser afectado por ciertas expresiones y opiniones. De pronto, el deporte, que supone unir grupos, comunidades y naciones, resulta una vía de división y conflicto.

Y me fascina la psicología del deporte porque, entre otras cosas, ofrece herramientas para poder lidiar con este tipo de situaciones: Busca principalmente acompañar al deportista en la tarea de un fortalecimiento emocional para que pueda dar su mejor rendimiento durante la competencia, buscando en todo momento, acercarse lo más posible a un equilibrio de vida. Esta difícil tarea solo resulta de un trabajo psicológico profundo que mueve afectos, impulsos, relaciones y experiencias. Se enfoca en el desarrollo de habilidades de concentración, selectividad emocional y control de pensamientos, buscando aligerar la carga de factores externos (físicos, familiares, sociales, medios de comunicación), que pudieran desestabilizarlo.

Es de suma relevancia trabajar el fortalecimiento emocional para que el deportista tenga la capacidad de estructurar y mantener un sí mismo sólido, y de esta forma lograr diferenciar entre los aspectos del mundo externo y los aspectos del mundo interno. En pocas palabras, estar preparado para soportar todo lo que venga del exterior, canalizarlo y separarlo de lo que realmente es la persona en sí.

Amigos deportistas profesionales, amateurs o simplemente entusiastas, ¿no les checa esto de alguna manera? Insisto en que, la presión y lo que genera la nueva tecnología, es muy distinta en un atleta profesional que en el resto de nosotros, sin duda están mucho más expuestos. Pero hoy, para todos los inmersos en la red, en ocasiones suele ser difícil identificar las barreras entre lo que solíamos llamar “realidad” de la “realidad virtual”. Ahora competimos en pistas, canchas y estadios, pero también en aplicaciones como Strava, Nike Training o Endomondo, incluso en entrenamientos que de inicio estaban planeados para ser ligeros, de recuperación o aún en un simple paseo entre amigos. Y esa competencia, puede ser contra un rival secreto o hasta un campeón del mundo, aunque él/ella ni siquiera esté enterado o enterada de la contienda en la que los hemos inscrito.

Por ello, estoy convencida de que no deberíamos dejar de lado la importancia de trabajar mente, cuerpo y espíritu en cualquier nivel deportivo en el que nos encontremos, especialmente cuando la tendencia, las nuevas formas de relación y el estilo de vida, están siendo absorbidas sin remedio por las tecnologías. Actualmente, todos (no solo los deportistas) estamos expuestos a los riesgos de estar constantemente presentes en lo público, con y a pesar de tratar de evitarlo. Una sola publicación (propia o ajena) es capaz de darle un giro inesperado a nuestra vida. Por ello, creo que una buena forma de montar bases ante cualquier infortunio, es permanecer conectados, más que a los aparatejes, a la actividad que estamos realizando, el trillado “aquí y ahora”, atentos a nuestras sensaciones y siendo parte del momento; Construyendo una vida sólida fuera de la red, que nos contenga en caso de emergencia en ese nuevo mundo paralelo.

Así que sigamos siendo más mexicanos y menos bostonianos… en este mes patrio, aquilatemos aquello que nos mantiene vivos y nos hace ser quienes nos distingue del resto del mundo. Permanezcamos conectados unos a otros, más que a la tecnología.

@kperezgil

 

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